Más de 15.000 hectáreas han ardido, el perímetro ronda los 60 kilómetros y más de 1.000 personas han sido evacuadas. Un dispositivo de más de 600 efectivos y 38 medios aéreos trabaja para contener el avance del fuego.
El incendio forestal declarado el pasado 10 de agosto en el entorno de Las Peñas de Riglos afronta una nueva jornada marcada por la incertidumbre. Más de 15.000 hectáreas han quedado calcinadas, el perímetro afectado se aproxima ya a los 60 kilómetros y más de un millar de personas han tenido que ser evacuadas de las localidades afectadas.
La noche ha vuelto a ser especialmente complicada. Las llamas han seguido mostrando un comportamiento activo en diferentes puntos y han llegado a situarse muy cerca de localidades como Santa Cruz de la Serós y Santa Cilia, manteniendo en máxima alerta tanto a los vecinos como a los equipos de emergencia.
Preocupa Atarés y el flanco izquierdoi
Ahora mismo, la atención está puesta especialmente en Atarés y en el flanco izquierdo del incendio, dos de los puntos que más preocupan por la evolución de las llamas. Durante la jornada de ayer, el fuego calcinó los montes Cuculo y la zona de San Salvador, dejando una importante afección en este entorno. Mientras tanto, Jaca permanece envuelta en una densa nube de humo y la ceniza sigue cayendo sobre diferentes pueblos de los alrededores, dejando una imagen que da cuenta de la magnitud del incendio y de la proximidad de las llamas a las zonas habitadas.
La mirada puesta en el cielo
Después de varios días de temperaturas elevadas, viento y unas condiciones especialmente desfavorables para la extinción, la meteorología vuelve a ser uno de los grandes factores que pueden marcar la evolución del incendio.
Este sábado, todas las miradas están puestas en el cielo y en la posibilidad de que se cumplan las predicciones y llegue la lluvia. La llegada de precipitaciones podría convertirse en una ayuda fundamental para los equipos que llevan días trabajando sobre el terreno.
La situación, sin embargo, obliga a mantener la máxima prudencia. Cualquier cambio en las condiciones meteorológicas o en la dirección e intensidad del viento puede modificar rápidamente el comportamiento de las llamas.
El dispositivo de extinción mantiene un importante despliegue para tratar de contener los diferentes frentes. Más de 600 efectivos trabajan por tierra y aire, apoyados por 38 medios aéreos, en un operativo en el que participan efectivos y recursos de diferentes administraciones.
El objetivo continúa siendo contener los frentes activos, consolidar el perímetro y, sobre todo, proteger a las poblaciones que permanecen en el entorno del incendio.
Un perímetro de 60 kilómetros
La dimensión alcanzada por el incendio permite hacerse una idea de la magnitud de la emergencia. El fuego ha afectado ya a una superficie superior a las 15.000 hectáreas, con un perímetro que ronda los 60 kilómetros.
La evolución del incendio ha obligado a evacuar a más de 1.000 personas y ha afectado a numerosos núcleos de población de la zona. La prioridad del operativo sigue siendo evitar que las llamas alcancen nuevas localidades y garantizar la seguridad de los vecinos.
El fuego se ha convertido en una emergencia de enormes dimensiones para el territorio, con un despliegue extraordinario de medios terrestres y aéreos.
Pero detrás de las cifras hay también un territorio que lleva días defendiendo sus pueblos y sus montes.
Agricultores y vecinos, fundamentales frente al fuego
En medio de la preocupación y la incertidumbre, merece una mención especial la respuesta de agricultores, ganaderos y vecinos de las localidades afectadas y de su entorno.
Desde el inicio de la emergencia, muchos han puesto a disposición sus tractores, maquinaria y conocimiento del terreno para colaborar en las labores de prevención y defensa. Han trabajado en la limpieza de montes, apertura y refuerzo de cortafuegos, creación de líneas de defensa y acondicionamiento de accesos, tratando de frenar el avance de las llamas y proteger las zonas habitadas.
Una labor que muchas veces queda alejada de las imágenes de los grandes despliegues de extinción, pero que está siendo fundamental sobre el terreno.
Son vecinos que conocen cada pista, cada barranco y cada camino; agricultores que saben cómo responde el terreno y que están aportando sus propios medios para ayudar a proteger sus pueblos.
En una emergencia de esta magnitud, la colaboración entre los profesionales de la extinción y quienes viven y trabajan durante todo el año en este territorio está demostrando una vez más su importancia.
Ahora, después de una noche dura, comienza una nueva jornada de lucha contra el fuego. El objetivo sigue siendo el mismo: frenar las llamas, proteger a los pueblos y consolidar el perímetro.
Más de 600 personas continúan trabajando sobre el terreno y desde el aire, con 38 medios aéreos apoyando las labores de extinción.
Mientras tanto, en la Jacetania se mira al cielo con esperanza.
Que llegue la lluvia. Y que llegue a tiempo.











