Encontrar una casa para vivir todo el año en el Pirineo aragonés se ha convertido en una carrera cuesta arriba. Lo que durante años fue una preocupación creciente se ha transformado ya en uno de los grandes problemas estructurales del territorio: falta vivienda asequible, sobran tensiones en el mercado y cada vez más familias y trabajadores tienen dificultades para quedarse a vivir donde desarrollan su vida o su empleo.
El problema afecta a distintos municipios, pero en las últimas semanas se ha hecho especialmente visible en lugares tensionados como Jaca, Sallent de Gállego, Cerler o Biescas, donde las administraciones locales están intentando reaccionar con medidas concretas.
Uno de los casos que mejor refleja la complejidad del problema se vive estos días en Jaca, donde el Ayuntamiento ha tenido que intervenir como mediador en el conflicto abierto entre varias familias y la propiedad de un edificio de viviendas de protección oficial en régimen de alquiler.
Aunque se trata de VPO, el conflicto ha puesto sobre la mesa que incluso la vivienda protegida está sometida a una enorme presión en el Pirineo. El consistorio ha mantenido reuniones tanto con los vecinos como con la propiedad para intentar desbloquear la situación y facilitar acuerdos en los contratos que todavía siguen pendientes.
Actualmente, la mayoría de las viviendas del edificio están ocupadas o cuentan con contrato, pero todavía quedan varios casos sin resolver. Los precios comunicados para estas viviendas se mueven en una horquilla que ronda los 560 a 635 euros mensuales, a lo que hay que sumar gastos de comunidad. Aunque esas cantidades estén dentro del marco de la vivienda protegida, siguen evidenciando la dificultad de acceder a una vivienda en un territorio donde los salarios no siempre acompañan al encarecimiento del mercado.
Por su parte, el municipio de Sallent de Gállego ha puesto en marcha un nuevo proceso para detectar cuántos vecinos estarían interesados en acceder a una nueva promoción de VPO en propiedad. La idea es impulsar una cooperativa de vecinos y ofrecerle una parcela municipal gratuita para facilitar la construcción de viviendas a precio más asequible.
La medida busca responder a una realidad que en el valle es cada vez más visible: trabajadores del sector turístico, de servicios o de temporada que no pueden vivir cerca de su empleo porque el mercado libre está fuera de su alcance. El auge de la segunda residencia, la presión turística y la escasez de suelo disponible han tensionado el acceso a la vivienda hasta niveles muy difíciles de asumir para muchas familias.
El Ayuntamiento de Sallent ya había dado pasos previos en esta línea. Hace pocos meses se entregaron 24 viviendas de protección oficial, y además el consistorio ha cedido suelo para levantar hasta 60 viviendas de alquiler para trabajadores en distintas fases, en colaboración con el Gobierno de Aragón.
Biescas endurece las reglas para las VPO
En Biescas, una de las localidades donde más se ha intensificado el debate, la respuesta ha ido por una doble vía: poner límites a las viviendas de uso turístico y aumentar el parque de alquiler asequible.
El Ayuntamiento ha empezado a aplicar ya su nueva normativa para VUT, una regulación más restrictiva que busca frenar el crecimiento descontrolado del alquiler turístico en un municipio donde el peso de la vivienda no habitual es altísimo. Desde el consistorio se ha llegado a estimar que alrededor del 80% del parque residencial no se destina a vivienda habitual, una cifra que refleja hasta qué punto se ha alterado el equilibrio del mercado local.
Con la nueva regulación, solo podrán obtener nuevas licencias las viviendas que cuenten con entrada independiente, y además algunas de las ya existentes podrían perder su autorización si no cumplen con los nuevos requisitos o no logran el respaldo de sus comunidades de propietarios. El Ayuntamiento incluso ha abierto la puerta a sanciones económicas para quienes incumplan la normativa.
Pero Biescas también está tratando de ampliar la oferta disponible. Por un lado, ha rehabilitado una vivienda municipal en la antigua Casa Forestal para destinarla a alquiler asequible. Y por otro, ha firmado un convenio con Suelo y Vivienda de Aragón para construir 15 nuevas viviendas de alquiler asequible, cuya finalización está prevista para los próximos años.
Un problema más allá del mercado inmobiliario
La crisis de la vivienda en el Pirineo no es solo una cuestión de precios. Tiene un impacto directo en la vida de los pueblos, en la capacidad de mantener servicios y en la propia sostenibilidad social y económica del territorio.
Cuando un trabajador no puede permitirse vivir en el municipio donde trabaja, se resiente la actividad económica. Cuando una familia joven no encuentra casa, se debilita la escuela, el comercio local y la vida del pueblo. Y cuando la vivienda se convierte en un producto casi exclusivo para el uso turístico o estacional, el riesgo de vaciar de vida cotidiana los núcleos se multiplica.
Ese es el fondo del problema que hoy afrontan buena parte de los municipios del Pirineo aragonés: cómo compatibilizar su atractivo turístico y residencial con el derecho de sus vecinos a seguir viviendo allí.









