De padre a hijo: La Morisma de Aínsa garantiza su futuro con un histórico relevo generacional

Miguel Bernad se estrena como rey cristiano tras recoger el testigo de su padre, Pedro Miguel Bernad, que ha encarnado el papel durante casi medio siglo. Cerca de 500 vecinos participaron en una representación seguida por un millar de espectadores.
La cruz del Sobrarbe arde encima de la carrasca, ayer en la representación de La Morisma. / Ayuntamiento de Aínsa-Sobrarbe
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La plaza Mayor de Aínsa volvió a convertirse este sábado en escenario de una de las tradiciones más emblemáticas del Sobrarbe. La Morisma reunió a cerca de medio millar de vecinos para recrear la legendaria batalla entre moros y cristianos, en una edición marcada especialmente por la incorporación de nuevas generaciones a algunos de los principales papeles.

El relevo más simbólico fue el protagonizado por Miguel Bernad, que se estrenó como rey cristiano tras recoger el testigo de su padre, Pedro Miguel Bernad, después de casi medio siglo interpretando uno de los personajes centrales de la representación.

La transmisión entre generaciones quedó plasmada sobre el propio escenario cuando Miguel Bernad entregó a su padre la Real Orden de La Morisma, máxima distinción concedida por la Asociación Cultural La Morisma en reconocimiento a su larga vinculación con la representación.

Pero el cambio fue mucho más amplio. En esta edición se produjeron varios relevos entre los personajes, con la incorporación de niños y jóvenes a papeles como el Lazarillo, la Chusma, el monaguillo o el dicho de Saint Lary. Una renovación que garantiza la continuidad de una tradición que lleva alrededor de cuatro siglos formando parte de la identidad de Aínsa.

Pasadas las 22.30 horas, las comitivas musulmana y cristiana hicieron su entrada en una plaza Mayor abarrotada, ante cerca de un millar de espectadores. Uno de los instantes más esperados volvió a ser la aparición de la cruz de fuego sobre la carrasca, símbolo ligado a la leyenda de la conquista de Aínsa y al escudo del Sobrarbe.

La representación incorporó además este año un guiño a los 900 años de la Carta Puebla de Aínsa, aniversario que se celebrará en 2027. Javier Bergua interpretó a Calasanz en una escena que simbolizó la entrega del documento al rey Garcí Ximénez.

La Morisma volvió así a demostrar que su fuerza no reside únicamente en la historia que representa, sino en la implicación de todo un pueblo. A los alrededor de 450 o 500 vecinos que participan directamente en la obra se suman más de un centenar de voluntarios encargados de la organización y los preparativos.

La jornada estuvo acompañada además por un mercado medieval, recreaciones históricas, teatro, música, exhibiciones y talleres artesanos, que llenaron durante todo el fin de semana las calles del casco histórico de Aínsa.

La Morisma se representa cada dos años y está reconocida desde hace 28 años como Fiesta de Interés Turístico de Aragón. Su nueva edición dejó una imagen especialmente significativa: la de padres que ceden sus personajes a sus hijos y jóvenes que comienzan a recitar los versos que durante décadas pronunciaron las generaciones anteriores.