Cuando muchos pensaban que no había logrado superar un nuevo periodo de hibernación, Neré, el oso pardo más longevo conocido de los Pirineos, ha vuelto a aparecer ante una cámara de fototrampeo. El veterano macho, que ya ha cumplido 29 años, fue grabado el pasado 7 de mayo en la localidad francesa de Bordes-Uchentein, al otro lado del valle de Arán, confirmando que sigue vivo y activo en la cordillera.
Las imágenes, difundidas por la Oficina Francesa de Biodiversidad (OFB) dentro del seguimiento que realiza la Red del Oso Pardo, muestran al animal frotándose contra un árbol utilizado habitualmente por estos animales para dejar señales olfativas tras salir de la hibernación.
La reaparición ha sido recibida con sorpresa entre los técnicos encargados del seguimiento de la especie, ya que existían dudas sobre si el ejemplar habría conseguido sobrevivir un invierno más debido a su avanzada edad.
Un superviviente excepcional
Neré nació en 1997 y su longevidad resulta extraordinaria para un oso pardo en libertad. Según la Fundación Oso Pardo, estos animales suelen vivir entre 25 y 30 años en estado salvaje, aunque se han documentado casos excepcionales que han alcanzado los 34 años.
El ejemplar ya dio un importante susto en 2022, cuando las cámaras detectaron que caminaba con una acusada cojera y había perdido peso. Aquellas imágenes llevaron a activar un seguimiento especial por parte del Grupo de Trabajo del Oso en el Pirineo, integrado por técnicos de España y Francia. Meses después volvió a ser grabado en mejores condiciones físicas, y ahora ha vuelto a demostrar una enorme capacidad de supervivencia.
Un protagonista clave en la recuperación del oso pardo
Más allá de su edad, Neré ocupa un lugar destacado en la historia reciente del oso pardo pirenaico. Es hijo de Ziva, una de las primeras osas trasladadas desde Eslovenia para reforzar la población de la cordillera, y ha desempeñado un papel fundamental en la mejora de la diversidad genética de la especie.
Durante años, buena parte de los osos nacidos en los Pirineos descendían del macho Pyros, lo que generaba problemas de consanguinidad. Neré fue uno de los pocos machos capaces de romper esa tendencia y aportar nuevas líneas genéticas a la población.
Entre su descendencia destaca Canelito, hijo de la última osa autóctona de los Pirineos, Canelle, abatida por un cazador en Francia en 2004. Canelito es el único oso que conserva parte de la genética original de la población pirenaica.
Los expertos atribuyen a Neré al menos ocho crías, además de haber contribuido a conectar las poblaciones de osos del Pirineo occidental y oriental gracias a sus largos desplazamientos por la cordillera.
También pasó por Aragón
A lo largo de su vida, Neré también ha dejado rastro en el Pirineo aragonés. Sus huellas fueron localizadas cerca de Hecho y se le atribuyeron varios ataques a ganado en Embún y Aragüés del Puerto, aunque en los últimos años sus movimientos se habían concentrado en la vertiente francesa.
Su reaparición coincide con un momento de crecimiento de la población de oso pardo en los Pirineos. Los últimos seguimientos sitúan el censo en torno a 130 ejemplares, una cifra impensable hace apenas tres décadas y que refleja la recuperación de una especie que estuvo al borde de desaparecer de la cordillera.











