La cruz del Aneto podría estar en la nieve: el alcalde de Benasque pide no dar publicidad

La cruz del Aneto habría sido cortada y arrojada en la nieve, según apuntan la Guardia Civil y el alcalde de Benasque, que insiste en no dar protagonismo a los responsables en pleno 75 aniversario del símbolo.
La cruz del Aneto podría estar en la nieve, entera o a trozos
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La desaparición de la cruz del Aneto sigue dejando incógnitas, aunque las últimas hipótesis apuntan a que la estructura podría encontrarse enterrada en la nieve, entera o en fragmentos, tras haber sido cortada.

Desde la Guardia Civil han trasladado a Prisma Norte que no se ha localizado ningún resto hasta el momento, lo que refuerza la idea de que fue retirada de forma planificada: “No, no han encontrado ningún trozo. Seguramente la han tenido que cortar a trozos, o la han tirado entera, porque no han podido llevársela. Son más de 100 kilos a 3.000 metros de altura», explican. Por su parte siguen investigando, pero creen improbable la posibilidad de que se la hayan llevado entera.

Por su parte, desde el Ayuntamiento de Benasque, el alcalde Manuel Mora ha sido claro en el enfoque que quiere dar a lo ocurrido: “Sabemos que la han cortado pero no le queremos dar publicidad”.

En esa misma línea, ha insistido en que este tipo de actos no representan a la comunidad montañera:
“De las cientos de personas que suben al Aneto, hay alguno que ha hecho algo que no es normal. Nuestra disposición es no darles publicidad”. Mora también ha planteado cuál podría ser el destino de la cruz tras ser cortada: “No tenemos ni idea. Lo que creo desde aquí, que estamos a 1.180 metros de altitud, es que la han cortado y la han tirado. Se habrá quedado enterrada en la nieve. Lo que se pueda ver será un trozo negro que no lo puedes distinguir de una piedra”.

El alcalde no oculta su desconcierto ante lo sucedido. “En mi cabeza no me entra que nadie se pegue una paliza de 5 horas para hacer esto». Si embargo, lo tiene claro: “Si la encontramos la pondremos. Y si no la encontramos, haremos una copia y la volveremos a colocar», dice contundente.

Un aniversario que no se va a quedar huérfano

Este año se cumplen 75 años de la colocación de la cruz del Aneto, un símbolo que nació como un proyecto colectivo y que, con el paso del tiempo, ha terminado representando mucho más que un elemento físico en la cima. Aunque la iniciativa partió del Centro Excursionista de Cataluña, su instalación en 1951 fue posible gracias a la implicación de montañeros de distintos puntos de España y también de Francia. La financiación se logró mediante aportaciones populares y la propia construcción incluyó materiales donados por los participantes, en una muestra clara de colaboración entre territorios.

Aquel verano, decenas de montañeros —cerca de 80— ascendieron hasta la cumbre transportando piezas de gran peso en condiciones extremas, para ensamblar allí una estructura de grandes dimensiones. La colocación de la cruz no solo supuso un reto físico, sino también un acto cargado de simbolismo: una unión de personas de distintos lugares en torno a la montaña, dejando de lado cualquier diferencia. Ese espíritu colectivo es el que hoy sigue recordándose y el que, según el alcalde de Benasque, Manuel Mora, debería prevalecer por encima de todo.

En este contexto, Mora insiste en que lo ocurrido recientemente va justo en la dirección contraria a ese legado compartido: “Ese sentimiento tiene que imperar y va en contra del sentimiento montañero. Y dejar atrás todos los malos rollos. Eso es el sentimiento que debería prevalecer en la montaña”. Para el alcalde, la cruz no es solo una estructura, sino el reflejo de una forma de entender la montaña basada en el respeto, la convivencia y la colaboración entre territorios.

Pese a lo sucedido, el mensaje desde el valle es claro y mira hacia el futuro. Mora asegura que la voluntad es recuperar el símbolo cuanto antes: “En verano seguro. El Aneto es aragonés, le guste a quien le guste. Y no queremos dar publicidad a las personas que hayan hecho esto”. Un posicionamiento firme que combina la defensa del territorio con la intención de no dar protagonismo a quienes han protagonizado este acto, manteniendo el foco en lo que realmente representa la cruz: la unión de generaciones de montañeros en el punto más alto de los Pirineos.