Hay premios que reconocen trayectorias, proyectos o logros concretos. Y hay otros que, además, sirven para explicar la identidad de un territorio. Los Premios Félix de Azara, impulsados por la Diputación Provincial de Huesca, pertenecen a esta segunda categoría. Desde hace casi tres décadas, estos galardones ponen el foco en las personas, entidades y colectivos que contribuyen a conservar el patrimonio natural, impulsar la sostenibilidad y construir oportunidades de futuro en la provincia de Huesca.
La XXVIII edición, celebrada el pasado 10 de junio en la Sala Florida de Fraga, volvió a demostrar que el compromiso con el medio ambiente y el desarrollo territorial adopta muchas formas distintas. Investigación científica, educación ambiental, divulgación, fotografía, innovación, agricultura o trabajo asociativo compartieron protagonismo en una gala que tuvo como hilo conductor un elemento esencial para la historia y el presente del Alto Aragón: el agua.
No es casualidad que la ceremonia tuviera lugar en Fraga. La capital del Bajo Cinca mantiene una estrecha relación con el regadío y con algunos de los principales sistemas hidráulicos de España. Precisamente por ello, el máximo reconocimiento de esta edición, el Galardón Félix de Azara, recayó en los regantes de la provincia de Huesca, representados por Riegos del Alto Aragón y la Comunidad General de Regantes del Canal de Aragón y Cataluña.
Más allá del reconocimiento a un sector concreto, el premio simboliza el papel que el agua ha desempeñado en la transformación de la provincia. Los sistemas de regadío han permitido convertir zonas áridas en espacios productivos, garantizar el abastecimiento de numerosas poblaciones y sostener una actividad económica que sigue siendo fundamental para miles de familias.
Además, el sector ha protagonizado en las últimas décadas una profunda modernización basada en la digitalización, la automatización de infraestructuras y la mejora de la eficiencia hídrica. Una evolución que persigue un objetivo tan sencillo como complejo: producir más utilizando menos recursos.
Durante la gala, el presidente de la Diputación Provincial de Huesca, Isaac Claver, destacó precisamente esa capacidad de adaptación y recordó que «cuando el campo habla de agua, está hablando del futuro de todos». Una reflexión que conecta plenamente con el espíritu de unos premios inspirados en la figura del naturalista altoaragonés Félix de Azara, pionero en la observación, el conocimiento y la divulgación de la naturaleza.
Una provincia comprometida con su patrimonio natural
Uno de los grandes valores de los Premios Félix de Azara es que permiten visibilizar iniciativas muy diversas que, desde diferentes ámbitos, trabajan por la conservación y mejora del territorio.
En esta edición, las becas de investigación reconocieron dos proyectos con una clara aplicación práctica. Por un lado, un estudio desarrollado por la Escuela Politécnica Superior sobre variedades de almendra del Alto Aragón. Por otro, el proyecto Gecumi, liderado por el investigador Jorge Sevil, que busca mejorar la seguridad en espacios naturales mediante sistemas avanzados de monitorización y predicción de riesgos.
La divulgación y la transmisión del conocimiento también tuvieron un papel destacado. Los premios de ayuda a la edición distinguieron la obra de Javier Villacampa, dedicada a las libélulas y caballitos del diablo de la Hoya de Huesca, y el trabajo de Carlos Enríquez, centrado en la infancia de Félix de Azara.
En el ámbito de la comunicación, el reconocimiento principal fue para Eduardo Ruiz de la Cruz por el documental Érase una vez Lucien Briet, mientras que el accésit recayó en Radio Jaca SER Pirineos por su espacio de divulgación científica SER Ciencia.
Las entidades sociales volvieron a demostrar que la sostenibilidad también se construye desde la participación ciudadana. El premio fue para la Asociación Ueco por su proyecto Rednaturaula, mientras que la Fundación Valentia recibió un accésit por su labor de educación ambiental y recuperación de variedades agrícolas tradicionales.
La implicación de los más jóvenes también tuvo su espacio. El premio en la categoría de centros educativos fue para el CRA Cinca-Cinqueta, por una iniciativa dedicada a la divulgación geológica de la Peña Montañesa, mientras que el IES Lucas Mallada fue reconocido por su proyecto de creación y conservación de espacios verdes en el entorno escolar.
Un legado que sigue creciendo
La gala volvió a recordar que el legado de Félix de Azara sigue plenamente vigente. Su figura representa una manera de entender el territorio basada en el conocimiento, la observación y el respeto por el entorno.
A lo largo de veintiocho ediciones, los premios han contribuido a crear una red de investigadores, docentes, comunicadores, agricultores, estudiantes, asociaciones y profesionales que comparten un mismo objetivo: hacer compatible la conservación del patrimonio natural con el desarrollo de los pueblos y las oportunidades para quienes viven en ellos.
En una provincia tan diversa como Huesca, donde la montaña, el agua, los espacios naturales y el mundo rural forman parte de la identidad colectiva, los Premios Félix de Azara se han consolidado como mucho más que una ceremonia de entrega de galardones. Son un reconocimiento al talento, al esfuerzo y al compromiso de quienes trabajan cada día para que el territorio tenga futuro.











