El Pirineo despide a Mariano Polanco, una de las voces más comprometidas en la defensa de sus montañas

Activista, divulgador y referente del movimiento ecologista, dedicó décadas a la defensa del territorio, desde la lucha contra la contaminación por lindano hasta la protección de Canal Roya y las montañas aragonesas.
Mariano Polanco, en una de las sesiones del proyecto BioPirineo. G.L.
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Hay personas que terminan formando parte del paisaje humano de un territorio. Personas que, independientemente de que se compartan o no todas sus ideas, logran el respeto de quienes les rodean por su coherencia, su compromiso y su dedicación. Para muchas generaciones de vecinos del Pirineo aragonés, Mariano Polanco fue una de esas personas. Y hoy escribimos estas líneas con un gran dolor en nuestro corazón.

Su fallecimiento, conocido este jueves, ha causado una profunda conmoción no sólo en Sabiñánigo sino en todos los rincones del Pirineo. La noticia ha sorprendido especialmente porque Mariano seguía participando activamente en reuniones, charlas y actos relacionados con la defensa del medio natural. Apenas unas semanas atrás intervenía en encuentros públicos, compartiendo reflexiones, conocimientos y preocupaciones sobre el futuro de las montañas que tanto amaba.

Desde Prisma Norte hemos tenido el privilegio de coincidir con él en numerosas ocasiones. Escucharle era asistir a una auténtica lección sobre el territorio. Hablaba con serenidad, con argumentos y con una enorme pasión por el Pirineo. Siempre encontraba tiempo para conversar, para explicar el origen de los problemas ambientales que le preocupaban y para reflexionar sobre cómo construir un futuro más respetuoso con el entorno. Su preocupación por el presente y el futuro de estas montañas fue una constante durante toda su vida. Y siempre, desde el más profundo respeto.

Durante décadas, Mariano Polanco estuvo vinculado a algunas de las principales reivindicaciones medioambientales de Aragón. Fue una de las voces más persistentes en la denuncia de la contaminación provocada por los residuos de lindano de Inquinosa en Sabiñánigo, una problemática que consideró siempre una de las mayores heridas ambientales del territorio.

También participó activamente en movimientos ciudadanos y plataformas que defendieron los ríos y los valles pirenaicos frente a proyectos que consideraban perjudiciales para el entorno. Su nombre estuvo ligado durante años a las movilizaciones contra el recrecimiento de Yesa, a la defensa de las montañas aragonesas y, más recientemente, a la protección de Canal Roya, uno de los espacios naturales más emblemáticos del Pirineo.

Sin embargo, reducir su figura únicamente al activismo sería quedarse corto. Quienes le conocimos queremos destacar también su capacidad para dialogar, su respeto hacia quienes pensaban diferente y su inmenso conocimiento sobre la naturaleza y la historia del territorio. Era habitual verle en jornadas divulgativas, reuniones técnicas o actividades organizadas por asociaciones ambientales, siempre dispuesto a aprender y a compartir lo aprendido.

Su compromiso le llevó además a representar a colectivos ecologistas en numerosos órganos consultivos relacionados con la conservación de la naturaleza, entre ellos el Consejo de Protección de la Naturaleza de Aragón, el Patronato del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido o los espacios de participación de distintos parques naturales aragoneses.

Las muestras de cariño y reconocimiento se han multiplicado desde que se conoció la noticia. Asociaciones ecologistas, entidades conservacionistas, instituciones y numerosos particulares han querido recordar a una persona que dedicó buena parte de su vida a defender aquello en lo que creía.

Muchos lo recuerdan con su inseparable boina, presente en manifestaciones, reuniones y debates. Otros destacan su capacidad para explicar cuestiones complejas de forma sencilla. Y muchos coinciden en algo: Mariano Polanco nunca dejó de preocuparse por el Pirineo.

Su marcha deja un vacío difícil de llenar entre quienes compartieron con él años de trabajo y reivindicaciones. También entre quienes, simplemente, tuvimos la oportunidad de escucharle alguna vez.

Porque más allá de los cargos, las plataformas o las reivindicaciones concretas, Mariano Polanco representó una forma de entender el compromiso con el territorio basada en la constancia, el conocimiento y el amor profundo por las montañas.

Hoy el Pirineo pierde una de sus voces más reconocibles. Pero también conserva un legado que seguirá presente en muchas de las causas por las que luchó durante toda su vida.

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