Javier Coduras es un agricultor de Santa Engracia que fue coordinador del colectivo durante el incendio de las Peñas de Riglos. Hoy hablamos con él para que nos cuente cómo vivió esos días y el papel que desempeñaron los agricultores durante la emergencia.
¿Cómo viviste los primeros momentos del incendio y cuándo decidiste que había que hacer algo?
Soy agricultor en Santa Engracia de Jaca. Cuando nos dijeron que estaba descontrolado, fui con el coche a ver cómo podíamos ayudar, con la intención de volver a por el tractor, para saber a dónde era mejor que fuéramos. Ahí ya empezamos a coordinarnos. Empezamos con una lista que hizo un chico que estaba en el retén de Bailo, pero se tuvo que ir y me la quedé yo. Conforme iban llegando ya les decíamos para dónde era mejor que fueran, en función de las necesidades y del lugar en el que estaban los demás.
¿Cuándo empezasteis a movilizaros los agricultores? ¿Os contacta alguien del Gobierno de Aragón o alguna institución como Bomberos o sois vosotros los que dais el primer paso?
Fueron los agricultores de los pueblos más afectados los que nos dieron la voz de alarma. El alcalde de Bailo, Javier Solana, que también es agricultor fue avisando a otros compañeros porque el fuego estaba subiendo. Acudimos todos. Además, a raíz de las manifestaciones que hicimos con las tractoradas tenemos un grupo de todos los que nos dedicamos al campo. Estamos todos los de la Jacetania. Pidieron ayuda por el grupo y fuimos a labrar. Llegamos sobre las cuatro de la tarde y ya nos quedamos hasta que terminó.
¿Cuántos agricultores os movilizasteis y cómo organizabas desde el terreno a todas esas personas y medios?
No sé un número exacto pero todos los de la Jacetania y no hablo solo de los agricultores con los tractores. También hubo personas encargadas de hacer bocadillos, avituallamientos,… gente con motosierras, desbrozadoras o bate fuegos,… Lo que uno no aportaba con el tractor, lo hacía con la herramienta que tenía en casa. De Echo, Ansó y Jasa también llegó mucha gente. Ellos llevan toda la vida trabajando con motosierras y en el momento que nos dijeron que teníamos que hacer cortafuegos y limpiar los cantos de las carreteras, fueron los primeros en acudir.
En una situación tan complicada y con el incendio avanzando, ¿cómo recibíais las indicaciones y cómo decidías dónde hacía falta enviar cada tractor o cada cuba?
A través del grupo de whatsapp nos organizábamos. Intentábamos estar en el mismo radio. Conforme fueron pasando los días, necesitábamos saber la dirección del fuego para saber por dónde acudir. La primera noche, se nos hicieron las cuatro y media de la mañana. Ese día hablamos con personal de dirección de extinción del incendio y ahí hicimos oficial que yo iba a estar en contacto con el CECOPI. Hubo una persona de la comarca que también estaba ahí y eran ellos los que nos iban transmitiendo la información para ir a labrar y hacer cortafuegos. Hemos labrado muchas hectáreas muchas zonas diferentes.
¿Cuál fue el momento más difícil que te tocó afrontar como coordinador y qué decisión recuerdas especialmente?
Hemos tenido momentos de mucho estrés. Han sido unos días en los que hemos dormido muy poco, alguna noche nada.
Había momentos que estábamos todos labrando en Bailo, que nos teníamos que ir a la carretera de Arbués, a la parte de Alastuey, a Santa Cruz de la Serós,.. Cuando el fuego se descontroló llegando a la ermita de Arbués, lo que más nos ayudó fue la experiencia que podía aportar cada uno. Al final la gente de aquí somos los que conocemos los accesos y por dónde podemos entrar y salir a una zona concreta. Los que trabajaban las fincas eran los primeros que acudían porque sabían por dónde hacerlo, pero siempre estábamos unos pendientes de otros, para que no nos pasara nadie. Estábamos todos comunicados por las emisoras de los tractores.
El momento más difícil fue la segunda vez que llegó el fuego a Alastuey. Los bomberos tuvieron que ir a llenar los camiones y el fuego se repartió en tres frentes. Cuando la cosa se puso difícil en Santa Cruz, también fueron momentos duros. Cuando el fuego se descontroló, iba bajando por un barranco que iba a cortar la carretera entre Arbués y Bailo y avisamos a los de la UME.
¿Qué te sorprendió más de la respuesta de los agricultores y qué crees que demuestra esta movilización sobre la gente del campo?
Me quedo con la unión de todos los agricultores. Nosotros acudimos siempre porque vivimos del campo y de los montes. Por muchos medios que haya no vamos a dejarlo de lado porque es nuestro modo de vida. Además, nadie conoce el terreno mejor que los que vivimos aquí. Los bomberos, la UME y todos los efectivos tienen muchos medios para extinguir los incendios, pero si añadimos los nuestros, somos una fuerza mayor.
Nos han dado vía verde por si teníamos que tirar árboles para hacer cortafuegos, pero también ha habido momentos en los que hemos nos hemos arriesgado mucho para salvar los pueblos. No ha sido miedo porque al final estábamos todos a una, pero hemos tenido momentos de decir “nos estamos jugando la vida en muchas ocasiones”.
En Alastuey, por ejemplo, nos dijeron que si veíamos que no podíamos hacer nada porque se nos echaba el fuego encima que nos juntáramos en la plaza del pueblo y que esperáramos a que se calmara un poco. Ese momento también fue difícil porque la carretera hacia Arubués estaba en llamas y la que iba hacia la general también. Hemos tenido muchas veces un sentimiento de impotencia.
Vimos que habían creado una cuenta para recaudar fondos para los agricultores, que al final sois los que ponéis vuestra maquinaria diaria, y a los que os generaba un coste de mantenimiento, tractor, gasolina,… Luego vimos que esto fue un bulo. ¿Era cierto? ¿Quién costea los gastos económicos de los agricultores?
Nosotros fuimos como voluntarios. La Asociación que creó la iniciativa es legal y ahora estaban mirando para cómo hacerlo llegar a los agricultores de forma legal.
Nos han ido poniendo gasoil, pero también hemos tenido averías. Desde dirección de extinción nos han dicho que nos pagarán algo, que es un proceso lento, pero que algo nos darán. Nos lo dijeron cuando llevábamos ayudando varios días. Fuimos por iniciativa propia para salvar lo nuestro.
A otro agricultor de la zona, le robaron dos depósitos de gasoil enteros y también han pillado varios vehículos que nos ha llegado que iban a coger chatarra. Son situaciones que no entendemos.
Después de haber vivido el incendio desde dentro y de haber coordinado a tantos agricultores, ¿con qué te quedas de esta experiencia y qué te gustaría que la gente entendiera sobre el papel que desempeñasteis?
Este incendio nos ha sorprendido a todos porque es uno de los más importantes de Aragón. Lo primero con la unión de todos, de saber dejar a un lado los pequeños problemas e involucrarnos al cien por cien para que el fuego no llegara a los pueblos y que nadie perdiera sus casas. Más que en apagar los montes, queríamos salvar todos los municipios, tanto por esta zona como por los otros flancos del incendio.
Al mismo tiempo, también hemos aprendido mucho todos sobre los incendios y a saber que en tres minutos, puede cambiar todo. Hasta que no hay inversión térmica por las mañanas y suben las temperaturas no se despierta el fuego, hemos ayudado a hacer trasvases a las autobombas,… Pero más allá de todo esto, me quedo con la solidaridad.
Gracias por atendernos Javier, a ti y a todos los que habéis sido voluntarios de una forma u otra. Vuestra ayuda, esfuerzo e implicación son un ejemplo de solidaridad y compromiso con la tierra y con el resto de sociedad.











